El trabajo con la ITP-C se puede realizar tanto
en los laboratorios de ciencias como en las mismas salas de clases.
Lo ideal sería disponer del módelo 1:1, es decir, una laptop por
alumno.
"Con el equipo dentro del aula el profesor pasa a ser un
coordinador del proceso de aprendizaje". Roberto Rojas, jefe área de
servicios y ventas Arquimed.
Las dimensiones del ITP-C -237 mm. de longuitud, 43.2 mm de
ancho y 186 mm de altura- convierten al equipo en una unidad fácil
de maniobrar por los alumnos y
profesores.
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Las unidades portátiles de computación esperan
llegar a las aulas. La meta es que se integren de forma definitiva
en el trabajo diario entre profesor y alumno, maximizando las
características que estas poseen.
El surgimiento de un nuevo tipo de estudiante,
nacido y educado bajo la era tecnológica, ha hecho necesaria una
reformulación del proceso de aprendizaje dentro de la escuela. En la
actualidad los alumnos mantienen una estrecha relación con la era
digital, asumida como un nuevo lenguaje propio de la época.
Un idioma que debe ser aprehendido por el sistema
educacional para hacer más fluido el diálogo entre profesor y alumno
dentro del aula. Además de incentivar a los estudiantes a asumir un
rol más activo y protagónico en la comprensión de los contenidos. De
ahí nace la urgencia de dotar al aparato docente de las herramientas
que les permitan asumir esa responsabilidad.
Y para lograr
dicho objetivo nada más pertinente que asumir el modelo de
colaboración 1:1. Ahí cada estudiante tiene la posibilidad de
trabajar con una unidad computacional dentro de la sala de clases.
Aparatos que permitirían al profesor potenciar su labor en el
proceso educativo y a la vez utilizar las tecnologías en beneficio
de los estudiantes.
Unidades como el ITP-C, la Classmate o la
XO, son algunas de los llamados
laptops para las escuelas. Esta vez nos enfocaremos en la
primera.
Según lo que indica Roberto Rojas, jefe área servicio y
ventas de Arquimed –empresa proveedora
del aparato-, la mejor forma de definir al ITP-C
es como “una minicomputadora de sobremesa”. La unidad podría ser
utilizada como recolector de datos en el ámbito de las ciencias o
como un apoyo dotado de una aplicación que permitiría al profesor
trabajar en materias como lenguaje o matemáticas en la sala de
clases.
Para el trabajo de la biología, química o física el
aparato cuenta con sensores de distinta característica con el fin de
capturar variables que posteriormente pueden ser visualizadas en la
pantalla de la unidad. De esta forma, tiene la capacidad de
recolectar los datos que se producen en el mismo experimento, de
almacenarlos históricamente y de trabajar con éstos mediante
gráficos o tablas de valores.
La inserción de la herramienta
en la sala de clases como tal, se enfoca en utilizar el ITP-C como
un minicomputador con el fin de hacer más fácil el entendimiento de
las materias. Incluso, es posible que profesores tanto de educación
básica como de media sean capaces de integrar la unidad en sus
programas educativos.
¿Qué pasa si un docente es ajeno a las
tecnologías?. Antes de implementar a los establecimientos
educacionales con el ITP-C es posible que los profesores cuenten con
programas de apoyo. O sea, se les podría otorgar un asesoramiento,
con expertos de la empresa proveedora, para que en conjunto se
trabaje en las salas de clases. Por lo general los niveles de
formación varían entre las 20, 30 o 40 horas de capacitación. Y a
eso se suma una instrucción en el mismo laboratorio con
profesionales que estarán guiando a los educadores en las prácticas
y ejercicios que se realicen dentro del colegio.
Recursos
No obstante, es
probable que muchas escuelas no posean los recursos necesarios para
insertar estas tecnologías en sus programas educativos. Para ello es
posible que los directores o profesores motivados con estas nuevas
herramientas presenten proyectos a los Fondos Nacionales Concursables,
de parte del Estado, que les permitirían adoptar y hacer suyos estos
instrumentos. Aunque también debe existir un claro consenso de la
necesidad de innovar en la sala de clases de parte de toda la
comunidad estudiantes, desde los alumnos hasta los altos directivos
de los departamentos de educación de las municipalidades.
De
todas formas, el costo de habilitar el modelo una unidad es igual a
un alumnos no es menor. “Lo ideal es el 1:1, pero ni siquiera los
establecimientos con más recursos son capaces de implementar a tal
magnitud”, afirma Roberto
Rojas. Pero agrega que “es posible trabajar con dos alumnos
por unidad, e incluso, se ha llegado hasta cuatro estudiantes por
ITP-C”. En tales casos la dinámica del profesor es vital para
manejar las actividades, por ejemplo, puede distribuir las tares
para así mantener a todo el grupo de estudiantes contribuyendo con
los ejercicios.
Resultados
La novel
experiencia de implementación de estos aparatos en nuestro país hace
imposible obtener resultados concretos. Sin embargo, la apreciación
de algunos profesores que han participado en proyectos de
implementación ha cambiado positivamente. Ellos afirman que hoy en
día los alumnos están más motivados con clases y se encuentran con
ganas de entrar al laboratorio, experimentar y trabajar con el
aparato. Aunque Roberto Rojas aclara que “sabemos que en Tocopilla
una de la escuelas aumentó entre 20 y 30 puntos la medición del
Simce, lo cual es sumamente importante para nosotros, porque
significa que la inserción de estas unidades ha tenido efectos
positivos, concreto y medible”.
Sin duda, la implementación
de estas unidades es un beneficio para el desarrollo educativo. Por
un lado facilita y potencia el trabajo del profesor y aumentaría los
niveles de comprensión del alumno. En términos prácticos el docente
pasa a convertirse en un coordinador del proceso de aprendizaje que
los estudiantes tienen dentro de la sala con este sistema. Esa es la
finalidad.
Características del
ITP-C |